¿Mitigar el impacto ambiental de los envases es posible?

artículo escrito por Laura Vinardell – RSC & Sostenibilidad

Hoy en día tenemos al alcance distintos materiales para el embalaje de los productos: distinta composición, durabilidad, y utilizabilidad. El crecimiento de ciertas actividades ha contribuido al  aumento exponencial de los embalajes que utilizamos y la cantidad de residuos que se generan y se desechan ha devenido un gran problema en nuestra sociedad. Por suerte, los consumidores cada vez son más conscientes de estos retos ambientales y buscan alternativas más sostenibles, ¿pero, de todas las opciones en el mercado, cuál sería la opción que tiene menor impacto ambiental? 

Ahora mismo, encontramos tres grandes categorías de su composición: los plásticos, los bioplásticos y los reciclados. Estos dos últimos, pueden ser biodegradables o no biodegradables:

  1. Plásticos convencionales: Provenientes de combustibles fósiles como, por ejemplo, envases de PET, HDPE, PVC, PTT, PE, entre otros.
  2. Bioplásticos: De origen biológico, generalmente de celulosa o almidón, entre otros. Podemos encontrarlos biodegradables o no biodegradables. Los no biodegradables tienen la misma composición que los plásticos convencionales, pero no provienen de combustibles fósiles; y se deben reciclar en el contenedor amarillo como el resto de envases ligeros. 
  3. Reciclados: parte de su materia prima proviene de residuos plásticos. Reducen la cantidad de basura generada,y en general, usando menos recursos naturales para su producción. 
Botella 100% bio-based PEF – Carlsberg

Biodegradables: se degradan a mayor velocidad que los plásticos convencionales, pero no a la misma velocidad que el resto de materia orgánica y requieren de un tratamiento específico (plantas de compostaje). Se deben depositar en el contenedor marrón (orgánico) y, si acaban en otro contenedor, su separación no es fácil y dificulta el reciclaje del resto de envases. 

Otra gran diferenciación entre envases es su característica de reutilización y reciclabilidad. Los envases reutilizables son aquellos que pueden usarse más de una vez, como por ejemplo, una cantimplora de aluminio; y los reciclables aquellos que su composición permite el futuro proceso de reciclaje y su vuelta a la cadena de producción como materia prima. 

¿Entonces, cuáles son las características que podríamos asignar a un envase de menor impacto ambiental? En general, no existe un único material que sea mejor que los convencionales en todos los aspectos (precio, escalabilidad, reciclabilidad, impacto ambiental, durabilidad, etc). Cada caso debe estudiarse por separado para escoger la opción que más se adecúe. Aún así, la opción de escoger un packaging conveniente debería usarse únicamente para las situaciones donde sea estrictamente necesario: muchos de los productos que vienen envasados no requerirían de packaging para su mantenimiento antes de la venta. Aunque se trate de un envase reciclable, compostable o reutilizable, siempre hay un consumo de recursos asociados a su producción o gestión del residuo final. El mejor embalaje es aquel que no se produce.

Categorización de los residuos – Generalitat de Catalunya

Aunque sabemos que no podrá ser posible ya que el embalaje desarrolla una función esencial en la protección y el transporte de los productos sí que podremos tener cura de la gestión de los residuos. Es un tema altamente complejo y al que se le asocian altas emisiones de gases de efecto invernadero y subproductos contaminantes a aguas y suelo, por este motivo, es esencial evitar al máximo la generación de desechos o gestionarlos de forma eficiente.

Explicaremos el caso concreto de Cataluña, para aclarar esta temática con datos más concretos:

Cada día se generan 1,39 kg de residuos de media, acumulando anualmente 486 kg de residuos municipales (excluyendo los industriales y de construcción-demolición). De esta cantidad, únicamente el 39,98% se recoge selectivamente: a partir de los contenedores por tipo de residuo, lo que implica que el  60,02% de residuos se recogieron mezclados (contenedor gris, resta)*

La fracción resta (residuo que no se puede reciclar) es la más complicada de gestionar, debido a su compleja composición, y tiene distintos destinos: tratamiento mecano-biológicos (61,92%), depósito controlado (29,04%) o revalorización energética (9,04%)*

Sobre el resto de residuos (vidrio, envases, orgánica, papel y cartón), se recoge selectivamente el 33,6% de materia orgánica generada, el 68% de papel y cartón, el 61% de vidrio y el 40,2% de envases, respecto al total de basura generada para cada tipo de residuo. El porcentaje que no es recogido selectivamente forma parte de la resta, ya explicado anteriormente. 

Respecto a la valorización de dichos residuos, según datos del 2011:

“25% de los residuos plásticos son valorizados materialmente (vuelven al inicio de la cadena de producción), el resto o bien se incineran o acaben en depósito controlado. Se estima que la gestión de los envases emite  120,09 g de CO2 eq por kg*”

*datos extraídos de la Agència de Residus de Catalunya

Todos estos datos no hacen más que recalcar que la gestión de residuos es compleja y tiene un alto impacto ambiental como ya se había comentado al principio del escrito. Cualquier proceso de transformación de los residuos implica contaminar la atmósfera, el suelo, o las aguas subterráneas. Por este motivo, la única vía con potencial real para mitigar este impacto es generar menos cantidad de basura. Cualquier solución que no implique la reducción de la producción no será más que un parche para la emergencia climática.

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