Las enseñanzas de la Pandemia

artículo escrito por Fer Segui – colaboración externa

Después de muchos días, sesenta y seis para más exactitud, de iniciada la pandemia miro el futuro con incertidumbre, esperanza medida y con algunas enseñanzas que espero nos cambien para siempre.

Una gran noticia es que sin dudas el planeta tiene una resiliencia maravillosa, y eso debería darnos esperanzas, pero también, los residuos no paran, de hecho, aumentan día a día sin control. El caso de las mascarillas y los guantes encontrados en los ríos y mares, son reflejo de que no nos estamos tomando con seriedad la situación. 

El planeta mejoró muchísimo con nuestra gran reducción de actividad y eso nos permitirá tener una mejor calidad de vida en los próximos años, y dejar un mejor planeta a nuestros hijos, ¿podremos hacer algo para mantenerlo?

Si logramos hacer una prioridad en nuestras vidas las enseñanzas de la pandemia, quizás estemos a tiempo de disfrutar de un mundo más limpio, mejor, y más humano, que podamos disfrutar todos por muchos años más de lo que los pronósticos indican si nada cambia. Creo que, a esta altura, con mayor o menor grado de consciencia ambiental y de compromiso con la sustentabilidad, todos hemos aprendido algunas lecciones y hemos aprehendido algunos hábitos que queremos mantener porque nos dimos cuenta que la vida, tal cual venía siendo, hará mucho más daño del que hasta este momento éramos conscientes.

En mi caso estos días han sido de gran introspección, análisis personal y también de mi compromiso con el entorno. En ese tiempo que pasé mirando dentro mío y observando, con los ojos más abiertos que nunca, descubrí unas cuantas cosas que quiero compartir, porque probablemente te sientas identificado o quizás sirvan para seguir pensando y construyendo este nuevo mundo en el que todos queremos vivir y sobre todo queremos disfrutar.

Las enumero en cinco puntos que me gustaría mucho que sirvan para análisis de todos los que están leyendo y para que nos cuestionemos un poco más sobre que nos enseñó la pandemia. Sobre los afectos comprendí la importancia del contacto, del abrazo, el beso, de una mirada sincera, de demostrarle a los demás cuánto nos importan y que sepan que estamos para ellos. Y no solo con las personas mas cercanas a mí, porque extrañé abrazos y besos de mi gente más querida, también me di cuenta que hablar con la dependienta de la tienda, la cajera del supermercado o el panadero de bajo de casa, que se transformaron en personas importantes en mi vida porque mantuvieron una mínima normalidad en nuestra cotidianeidad, era importante. Eso me permitió sentir que no quiero pasar de ellos cuanto todo se normalice, que quiero estar atenta, comprar en sus tiendas, preguntarles cómo están, cómo van sus cosas. Siempre fui una persona empática, pero me falto tanto esa cercanía estos días que no quiero volver a perderla.

Respecto al planeta descubrí que tiene una capacidad de resiliencia maravillosa, envidiable y que tenemos una gran oportunidad de hacer las cosas bien para que muchas generaciones más disfruten de él. Con pequeños cambios individuales podríamos hacer mucho, pero ¿todos somos conscientes que cada pequeña acción cuenta? ¿Tenemos claro qué si contagiamos a los demás con pequeños actos concretos es muchísimo mas que si no hacemos nada? No necesitamos sumarnos a una ONG, simplemente con ser conscientes y responsables y contagiar a nuestro entorno, quizás tengamos la oportunidad de ver un mundo mucho mejor.

Nuestro Planeta. La Tierra

En relación a lo que necesito me di cuenta que poco, ya hablé de los afectos que son lo más importante, fuera de eso pude vivir con bastantes pocas cosas, estoy recién estrenando nuevo piso, con un mínimo de muebles y objetos personales y con el más mínimo guardarropa. No necesitaré mucho más que unos libros, unos cuadernos para escribir y buena música, el arte siempre lo consideraré necesario, pero en cuanto a objetos cada vez menos, que duren mucho más y que me hagan disfrutar.

Decidí como quiero consumir, otra respuesta que encontré, como necesito poco, ese poco que quiero, lo quiero de proximidad; saber quién lo produce, en qué condiciones sociales y ambientales, dónde se fabrica, qué cantidad, qué hacen si les sobra stock. En este punto quiero ser muy responsable, porque, como ya dije, cada pequeña acción cuenta.  Quiero materiales sustentables, preferentemente orgánicos, con el menor impacto ambiental posible en su proceso de producción, con empresas que respeten a sus trabajadores y cumplan con sus responsabilidades, que en el momento de diseñar un producto estén pensando cómo será el final de la vida útil, en resumen, que diseñen de manera circular

Por último, me pregunté ¿qué puedo hacer yo? Y además de responsabilizarme de todo lo que mencioné más arriba puedo tomar acción, comprometerme y compartir mi voz por donde esté.

Puedo elegir consumir menos plástico, mucho menos de lo que ya consumía, puedo apoyar a todas las empresas que producen de manera más responsable y esparcir su mensaje, puedo consumir menos de todo lo que consumo porque sin dudas estaré ayudando a que el planeta reduzca su temperatura, puedo hacerme responsable de mi basura, porque el problema de la basura se inicia cuando sacamos la bolsa de casa y generalmente nos desentendemos de ella en el contenedor. Puedo llevar una alimentación menos carnívora (flexivegetariana) e incluso animarme a ser vegetariano o vegano. Puedo ser consciente de cada acción y tratar de hacer lo mejor de mi, contagiar a mi entorno y multiplicar la voz de todos los que se comprometen con esta acción de vivir en un mundo mejor.

Yo inicié este camino hace un tiempo y es uno camino que no tiene retorno, porque es tan gratificante que no dan ganas de volver atrás. Podemos hacer muchas pequeñas cosas que todas juntas y sumando a mucha gente harán de este planeta un lugar mucho mejor, o al menos, un lugar donde podremos vivir muy bien muchos años más.  ¿Te animas a ser parte?

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